La percepción y la subjetividad

Descripción breve:
Noviembre de 2014.

Muchas veces no somos conscientes de lo condicionado de nuestro modo de percibir. Vivimos dando por hecho que lo que vemos y sentimos es una realidad objetiva, un hecho que cualquiera puede observar del mismo modo. Creemos en nuestras percepciones como si de la única verdad se tratasen. Incluso podemos llegar a extremos en nuestras relaciones, a dejarlas de lado o a entrar en luchas, si alguien cuestiona nuestra percepción o nuestras ideas sobre el mundo.

Tal es así que buscamos justificar esa manera de percibir una y otra vez para hacerla real, para reafirmarla. Y filtramos la información que recibimos del mundo para seleccionar la que es acorde a eso que pensamos.

¡Si por un momento pudiésemos darnos cuenta de lo relativo de la percepción! Tan sólo percibimos un mínimo porcentaje del espectro electromagnético. Y de ese porcentaje visible, nuestros ojos perciben un porcentaje y lo demás lo interpreta el cerebro “rellenando” los huecos que faltan y asociando recibido por los sentidos con información pasada almacenada, de manera que la imagen tenga sentido. Así que otro tanto de lo que "percibimos" son en realidad imágenes de archivo de nuestro pasado.

 
“Nuestra percepción resulta de una selección y síntesis de la información disponible. Es decir, nosotros no recordamos las cosas simplemente como lo hace una cámara de vídeo. Lo que vemos depende mucho de nuestra experiencia pasada y de la forma que el mundo visual se organiza, un hecho que es la base de muchas ilusiones visuales.”

¿Cuánto de un recuerdo es fidedigno y cuánto se va modificando con el paso del tiempo? ¿Realmente sucedió así o estoy adaptando lo que sucedió a lo que pienso ahora?

Por otro lado, la percepción y lo que experimentamos son el punto de partida para entendernos y relacionarnos. Si no contamos con esa información, nos desorientamos y nos desestructuramos, perdemos funcionalidad.

Así que ¿a dónde nos lleva este planteamiento? Contamos con una información que nos aportan los sentidos y con una información emocional e intelectual que experimentamos y conocemos. Y desde esta referencia nos vamos manejando en nuestras actividades y nuestras relaciones. Pero ser conscientes de lo limitado de estas referencias nos sirve para tener una mente abierta y liberarnos de prejuicios y de pensamientos limitantes acerca de cómo es el mundo y de cómo soy yo. Es aquello de que el abejorro, por su estructura fisiológica, no debería poder volar, pero como él no lo sabe, vuela.

 

Cuántas veces nos decimos que hay cosas que no podemos hacer, que el mundo “es como es y punto”, relaciones que son de determinada manera, personas que tienen una forma de ser o relaciones con ciertas personas que “son como son y siempre lo serán”. Nos condenamos a pensarnos siempre del mismo modo. "Yo soy así" o "esto es así" y ni si quiera creo que sea posible un cambio. No dejamos espacio en nuestra mente para ello, para la sorpresa, para el milagro.

Un problema no puede ser resuelto desde el mismo punto de vista en el que se percibe. Es necesaria más información, un cambio de punto de vista. Y cuando vemos algo o a alguien como un problema, sucede eso exactamente. O nos abrimos a otra manera de ver las cosas o no hay cambio posible, no porque la cosa no cambie sino porque nosotros la percibiremos del mismo modo.

Cuando estamos en el mismo plano se produce una lucha entre polaridades. Quiero ser bueno y no ser malo, así que hago y potencio ciertas cosas y reprimo y niego otras según el juicio de lo que es “bueno” o “malo”. Ese juicio es el problema. Esa visión condicionada es el problema. Sobre todo teniendo en cuenta que esos juicios absolutos los hemos aprendido en nuestras primeras relaciones y muchas veces nos es difícil cuestionarlos ya que se han convertido en nuestra manera de ver el mundo, en parte de nuestra identidad, en lo que creemos ser. No cuestionamos si esa forma de definir “lo bueno” es realmente buena.

Por ejemplo pensar que lo bueno es ser sincero, y se va por el mundo de sincericida, diciendo “verdades” inútiles de manera hiriente o para manipular y justificándose al decir que lo dicho es cierto y que decir la verdad es bueno. O decir que lo bueno es no confrontar y entonces se va de complaciente por la vida sin respetarse uno mismo y sin ser honesto, mintiendo y manipulando el entorno para evitar confrontaciones necesarias.

El punto cero de Friedlaender[1], ese lugar entre dos polos opuestos en el que se encuentra la neutralidad, no es en realidad un punto medio entre una línea bidimensional. Es más bien un estado tridimensional que se encuentra fuera de esa línea determinada y desde el cual se pueden marcar otras coordenadas de referencia. Es un estado desde el que se puede transitar por ambos polos y por todos los estados intermedios según la necesidad de cada “aquí y ahora” porque ya no hay un determinismo, un juicio o un punto de vista limitado a la estructura previa. Se amplían las variables, el punto de vista, se deshacen juicios, se crece en cuanto a concepto del yo rompiendo las barreras que lo delimitaban previamente.

Un ejemplo es cuando en terapia se observa un determinado patrón mental, como la adicción a cierto tipo de emociones o de relaciones. Supongamos que uno tiende a entrar en relaciones de maltrato y se ve atrapado por esa forma de relacionarse. No sabe establecer relaciones más equilibradas, se somete a voluntades ajenas renunciando a su propio sentimiento de felicidad o de satisfacción, y no se percibe capaz de ejercer un cambio porque "así soy" y "así son las cosas".

En estas ocasiones, abrir la mente a una nueva interpretación del mundo, de las relaciones y de uno mismo es fundamental. Se hace esencial para el proceso de liberación aceptar dónde uno se encuentra, ver en detalle las motivaciones y refuerzos de ese tipo de mentalidad y de relaciones. 

“El conflicto debe ser resuelto. Si se quiere escapar de él, no debe evadirse, ignorarse, negarse, encubrirse, verse en otra parte, llamarse por otro nombre u ocultarse mediante cualquier clase de engaños. Tiene que verse exactamente como es, allí donde se cree que está, y tiene que verse también la realidad que se le ha otorgado y el propósito que le ha asignado la mente. Pues sólo entonces se desmantelan sus defensas y la verdad puede arrojar su luz sobre él según desaparece.”[2]

Pero uno no puede quedarse ahí. Debe poder abrirse a algo nuevo, a una nueva concepción de las cosas que seguramente le confrontará, asustará, descontrolará y desestructurará un poco al principio. Es ese trance del “impasse”, del momento en tierra de nadie en el que las referencias previas no sirven ya y las nuevas aun no se han establecido. Pasar por ese momento de vació fértil, quedarse en esa incertidumbre confiando en que algo nuevo aparecerá, es lo que permite que surja un nuevo concepto de uno mismo más libre, feliz, adaptado al presente y abierto.

Ese nuevo "yo", que surge de una nueva interpretación, será más adaptativo y se habrá liberado de esa parte de la cárcel que hacía que las relaciones de maltrato fuesen frecuentes y aceptadas. Puede que uno aprenda a empoderarse, a poner límites, a hacer lo que le hace feliz, que deje de alimentar el rol de sumiso complaciente o que aprenda una nueva forma de estar presente.

Todo esto revelará una nueva percepción del mundo y de uno mismo, una percepción más cercana a la realidad objetiva, a la verdad que puede realmente compartirse y comunicarse. Una percepción en la que se estará más unido al mundo y podrá uno sentirse más perteneciente a algo más grande que el propio autoconcepto, estar más unido y en una relación estrecha con el entorno. Y la seguridad y la plenitud que vienen de ese sentir son más autenticas, fiables y reales que las que viene del mero querer tener razón.

María Vázquez Herranz.

Asociación para el Desarrollo de la Paz Interior.

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[1] Salomo Friedlaender. Teoría de la indiferencia creativa, utilizada por Fritz Perls en su concepto de polaridades. http://www.fritzgestalt.com/artilander.htm; http://psicoletra.blogspot.com.es/2013/05/indiferencia-creativa-friedlander.html.

[2] Un Curso de Milagros. Libro de ejercicios, lección 333, párrafo 1, página 502.