La confianza

Descripción breve:
Febrero 2015

En este artículo se tratará sobre este concepto, su significado, en qué se apoya, cómo se desarrolla y cómo se aplica. 

Empecemos con el significado de la palabra en sí. Según la Real Academia Española (RAE), “confianza” significa:
 
·  “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo;
·   Seguridad que alguien tiene en sí mismo;
·   Presunción y vana opinión de sí mismo;
·   Ánimo, aliento, vigor para obrar;
·   Familiaridad (en el trato);
·   Familiaridad o libertad excesiva”.

Desglosando un poco estas definiciones podemos comentar lo siguiente:
 
“Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. De lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. Dependiendo de qué sea eso que se espera, de las expectativas que tengamos, la confianza puede estar bien fundada o no tener base, de manera que puede desvanecerse fácilmente. Por ejemplo, si lo que uno espera es evitar un conflicto que ya se experimenta queriendo taparlo, se frustrará y desgastará en vano, ya que se verá inmerso en él o en uno de igual contenido tarde o temprano, al no haber aprendido la lección que contenía.

Mencionan también las palabras “seguridad” y “familiaridad”. La seguridad viene, como decíamos antes, de tener una buena base. Así que para sentirla hay que examinar los cimientos de nuestra confianza, es decir, en qué la depositamos, tema que se comentará algo más adelante. Y uno de los significados de la palabra “familiaridad” es “conocimiento que se tiene de una persona que se ve o con la que se trata con frecuencia o regularidad o con una cosa que se ve, se hace etc., con frecuencia o regularidad”. Según la RAE, es “Contacto habitual o conocimiento profundo”. Con lo que está hablando de algo que se vive habitualmente y que se conoce por experiencia y en profundidad.

También habla de “ánimo, aliento, vigor para obrar”. Cuando uno siente confianza está motivado y con energía para actuar en determinada dirección. No pierde energía con dudas y se enfrenta a los miedos sin dejar que estos disuadan su voluntad.

Resumiendo, “confianza” es esperar algo de lo que se tiene seguridad y conocimiento profundo y habitual o frecuente, que nos energetiza y ayuda a obrar atravesando miedos y dudas. Algo que nos motiva a ir hacia una determinada dirección con la seguridad que da lo familiar.

Una vez que ya hemos visto la definición, ¿qué es ese algo clave en lo que se basa la confianza? Un Curso de Milagros habla de esto en el Manual Para el Maestro (págs. 9 – 10. Foundation for Inner Peace, 1999.).

“Los maestros de Dios tienen confianza en el mundo porque han aprendido que no está regido por las leyes que el mundo inventó. Está regido por un poder que está en ellos, pero que no es de ellos. Este Poder es el que mantiene todas las cosas a salvo. Mediante este Poder los maestros de Dios contemplan un mundo perdonado.

Una vez que hemos experimentado ese Poder, es imposible volver a confiar en nuestra insignificante fuerza propia. ¿Quién trataría de volar con las minúsculas alas de un gorrión, cuando se le ha dado el formidable poder de un águila? ¿Quién pondría su fe en las miserables ofrendas del ego, cuando los dones de Dios se encuentran desplegados ante él?”

Un “maestro de Dios” es todo aquél que acepta el deshacimiento de cualquier concepto limitante sobre sí mismo, y por lo tanto sobre el mundo. Alguien que está dispuesto a que su percepción sea transformada hacia una más feliz y unificada. Quien enfoca todas sus relaciones de manera que sirvan para deshacer todo el miedo posible y hacer feliz. Cualquier diferencia con otros es temporal y es debida al progreso en su aprendizaje.

Confía en el mundo porque éste no está regido por las leyes que inventó sino por las leyes de Dios. La ley de causa-efecto. Con esto se refiere a que el mundo no es la causa de lo que se piensa, sino su efecto. Que es un mundo de ideas materializadas. Que el que vemos cada uno refleja nuestras creencias más profundas y nos las trae para que puedan ser observadas. Aceptadas las reales, que nos dan paz en vez de miedo, y deshechas las falsas a la luz de la verdad, se unifica la percepción y se hace más verdadera. Cuanto más verdadera sea, menos miedo y más amor reflejará. Más se hará evidente la amorosa naturaleza de la realidad. Más es hará uno consciente de que el que da un pensamiento es porque lo tiene, y por lo tanto lo reafirma en sí mismo y no lo pierde sino que lo recibirá incrementado.

Y ese “Poder” que menciona, “que está en ellos pero que no es de ellos”, se refiere al Espíritu. A esa parte sana de nuestra mente que es capaz de percibir correctamente, que ve amor o una petición del mismo en cada situación. Que es capaz de ajustar la percepción y corregirla de manera que las carencias o los errores se desvanecen y donde se percibía pérdida, dolor, escasez o miedo, se encuentra aquello que faltaba y se percibe todo completo. Se ve así un “mundo perdonado”, es decir, un mundo sin miedo y sin carencias.

Esta visión del Espíritu nos es dada. Es literalmente una manera de ver las cosas que suceden y que nos rodean y a nosotros mismos. Está en la mente y podemos acudir a ella, pero no es algo que uno mismo haya podido construir con la razón o la lógica. No es nuestra y sin embargo es para nosotros. Va más allá de cualquier interpretación intelectual que se pueda hacer con los datos percibidos por el ego. Está más relacionada con la intuición, con la mentalidad abierta  y con la comprehensión (de “comprehender”: contener o incluir) que con la razón intelectual.  Por eso habla de la “insignificante fuerza propia”.  Porque cuando uno puede vivir en base a esa percepción recibida en lugar de en base a una deducida o interpretada por el miedo que construye nuestro carácter, se ve un  mundo en el que se sabe perfectamente qué hacer, cómo responder y se siente una base segura sobre la que se construye la confianza.

El ir cada vez más viviendo en base a esta parte sana de la mente que percibe sin conflicto hace que se vaya integrando como respuesta automática. Esto va deshaciendo el miedo y la duda, haciéndonos sentir cada vez más seguros al comprobar que las respuestas que surgen de nuestro interior son las adecuadas a cada situación y nos hacen felices. Esto nos motiva y alienta a actuar y por lo tanto, hace que sintamos entusiasmo (del griego “enthousiasmos”, que contiene “en-thous”, “que tiene a Dios dentro”. “Sentimiento intenso de exaltación del ánimo producido por la admiración apasionada de alguien o algo, que se manifiesta en la manera de hablar o de actuar; exaltación del ánimo bajo la inspiración divina; inspiración del escritor o del artista”).

Al evocar y respirar la palabra “confianza” se siente calidez, seguridad, una fortaleza serena que da calma y se percibe en ese momento que todo está bien. Si surge alguna acción, será la más adecuada. Una sensación de tranquilidad, de percibirlo todo en orden, incluso aunque ese orden no sea explícito o no se entienda del todo, y sin embargo es experimentado. La que siente un niño en brazos de un adulto seguro, cálido y sereno.

La confianza se desarrolla a medida que uno va aprendiendo. Se pasa por diferentes etapas. Vamos a enumerarlas  y comentarlas en base al texto de Un Curso de Milagros habla de esto en el Manual Para el Maestro (págs. 10 – 12. Foundation for Inner Peace, 1999.).

 

1. Periodo de des-hacimiento: en el que parece que nos quitan las cosas, pero sólo vemos su falta de valor. Puede que haya cambios externos y aprender que son siempre beneficiosos es lo que nos lleva a la siguiente etapa.

2. Periodo de selección: “tomar todas las decisiones sobre la base de si contribuyen a que el beneficio sea mayor o menor”.

 

3. Periodo de renuncia: separar lo que tiene valor de lo que no lo tiene y renunciar a lo que no lo tiene. Normalmente uno “se siente obligado a sacrificar sus propios intereses en aras de la verdad” porque no ve su falta de valor aun.

 

4. Periodo de asentamiento: se consolida el aprendizaje. “Renuncia a lo que no quieres y quédate con lo que sí quieres”. ¡Qué simple es lo obvio! ¡Y qué fácil!”

 

5. Periodo de inestabilidad: no sabía distinguir entre lo que tiene valor y lo que no. “Tiene que aprender a dejar de lado todo juicio, y preguntarse en toda circunstancia qué es lo que realmente quiere”.

 

6. Periodo de logros: el resultado “no es otro que la tranquilidad: el fruto de un aprendizaje honesto, de un pensamiento congruente y de una transferencia plena. Ésta es la fase de la verdadera paz”.

 

La tranquilidad a la que alude este texto puede ser percibida por algunos como aburrimiento, falta de intensidad o un estado emocional plano. Sin embargo, si vemos el proceso que se ha descrito y lo llevamos al sentir podemos evocar el estado de miedo, duda y confusión que genera el no saber decidir qué es lo que realmente es mejor para nosotros y la liberación que supone la certeza. Vemos el miedo a la pérdida que se expresa perfectamente en la frase de “elegir es renunciar”, pero porque no se entiende como renunciar a lo que no tiene valor y conservar lo que sí lo tiene. Muchas veces no queremos renunciar a lo que no tiene valor vemos valor en ello equivocadamente. No sabemos distinguir dónde reside el verdadero valor.

Pensemos por un instante cómo sería saberlo. Cómo sería ver claramente las opciones y saber a ciencia cierta dónde está ese valor, sin dudas, sin miedos. Cómo sería tener esa certeza y seguridad internas. Evoquemos esos momentos de claridad interna donde ya no hay duda. Eso no va reñido con sentir emociones, intensas incluso, como el entusiasmo. La pasión que genera ver un camino claro hacia la tranquilidad y la certeza, hacia la confianza en que todo encaja en un plan perfecto para nuestra felicidad en el que vamos sintiendo minuto a minuto las instrucciones de por dónde ir, y cada prueba o reto que se presenta es una oportunidad de asentar esa confianza.

Vemos que confiar sólo tiene sentido pleno cuando lo dirigimos hacia algo más grande o abarcador que nosotros mismos, que nos comprehende a nosotros y al mundo, que nos cuida y nos da instrucciones para alcanzar nuestra tranquilidad en cada momento, que sabe que podemos desarrollar nuestras capacidades del mejor modo en cada situación que se presenta y que lo orquesta todo para que lo externo que aparece sea exactamente como debe ser para nuestro aprendizaje. Eso incluye confiar en el que otro está representando su papel a la perfección y que no hay manera de que él se equivoque, pues o está dando lo que falta o está haciendo patente esa carencia para que sea subsanada a través de la manera de ver las cosas del que lo percibe.

Así que cuando alguien pregunta “¿confías en mí?”, la verdadera confianza nos lleva a un nivel profundo en el que claramente se puede confiar en que lo que suceda con esa persona o través de ella es lo perfecto y necesario para alcanzar la tranquilidad y la paz. Sin embargo, se suele utilizar a un nivel superficial en el que estamos más hablando de expectativas que de confianza. Leyendo entre líneas se escucha “¿Crees en que puedo satisfacer tus expectativas?”. Y como bien se expresa en la oración de la Gestalt enunciada por Fritz Perls en su libro El enfoque Gestalt y Testimonios de terapia(1976),

 

“Yo soy yo,

tú eres tú,

yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,

tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

será maravilloso.

Si no, no puede remediarse.

Falto de amor a mí mismo

cuando en el intento de complacerte me traiciono.

Falto de amor a ti

cuando intento que seas como yo quiero

en vez de aceptarte como realmente eres.

Tú eres Tú y Yo soy Yo”.

 

Por lo tanto, confiamos realmente cuando soltamos toda expectativa y nos atrevemos a ser como somos y a expresarnos naturalmente. Soltamos cualquier intento de aferrarnos a alguien o a algo y dejamos que las cosas sean lo que son. Nos mantenemos atentos en la incertidumbre del devenir pero confiados en que siempre será para bien si escuchamos a nuestra auténtica naturaleza a través del Espíritu en nosotros. Y desde esa confianza, se pueden establecer relaciones más auténticas y libres. Al aprender a confiar, vemos que el otro también está aprendiendo, y dejamos de juzgarle. Cada uno hace lo que puede con lo que tiene y eso nos permite ser más comprensivos, que no indolentes.

De pronto no hay nada que cambiar ahí fuera. Se percibe el mundo como un reflejo del mundo interno, consciente de que cada interpretación de lo que se percibe viene de un pensamiento que uno acepta, y que eso puede ser transformado. Y al permitirlo uno cambia y se percibe a sí mismo de otra manera. Donde no se veía capacidad, ahora se siente la motivación de ir en esa dirección y vivir la aventura de ir descubriendo a cada paso más intensidad de ser uno mismo. Y se agradece la compañía de aquellos que caminan al lado. Se aprecian las lecciones que con ellos se aprenden y el afecto (de “afectar”) compartido. No visto este último como algo blando y condescendiente, sino visto desde la honestidad de la interacción. Puede percibirse incluso como algo duro a veces, pero cuando se ve a la luz de la verdad sin camuflajes lleva a una liberación que viene de dejar caer las falsas ilusiones que mantienen a la alma presa.

A mayor nivel de intimidad y comunicación más esencial es la confianza en una relación. Por ejemplo en la relación de pareja, donde se presupone aunque a veces no se da realmente. Ya no es sólo confiar en que el otro va a responder con lo mejor de sí, sino a dejarle libre de nuestras expectativas y permitirle ser como es, permitiéndoselo así también uno mismo. Soltar el resultado, el apego, la necesidad de permanencia puesta en él. Ya no se trata de que el otro nos sea fiel, sino de ser fieles a nosotros mismos, a esa voz del Espíritu dentro de nosotros, y a confiar en que todo irá bien mientras escuchemos esa voz, independientemente de cómo sea ese “irá bien”. A veces la relación continuará manteniendo la forma de pareja y otras veces cambiará de forma, pero toda relación es eterna, por el aprendizaje que nos aporta.

En realidad, ¿cómo vamos a confiar en alguien que no es él mismo, en alguien que no se permite ser? ¿Y cómo vamos a sentirnos a nosotros mismos si  nos negamos la realidad interna? En ese caso, esas personas no se están mostrando realmente y por lo tanto no se les puede conocer. Y la familiaridad y la seguridad en esos casos están basadas en máscaras. Si nos encontramos con alguien delante que no se permite ser o que muestra una máscara, ¿qué lección perfecta nos trae a nosotros? ¿Qué es eso que se requiere que aprendamos? Hacer a un lado el autoengaño, ser sincero conmigo mismo, ser más auténtico, soltar las expectativas que haya podido albergar sobre el otro o sobre la relación, etc. Hay muchas posibles lecciones. La cuestión es la respuesta que doy a lo que sucede un mi experiencia.

La relación de pareja es un espejo. Y por mucho que el otro sea de un modo u otro, al final siempre se trata de lo que refleja y de lo que uno mismo pone en la relación. Hay una frase impactante en Un Curso de Milagros que expresa que lo que falta en una relación es lo que uno mismo no ha puesto. Si falta confianza, si falta honestidad, ¿en qué no la he puesto yo? Puede ser con el otro y puede ser con uno mismo. Tal vez no escuchemos esa voz interna tanto como sería factible. O tal vez estemos esperando que el otro nos de algo o nos llene un vacío, que le estemos manipulando para ello sin ver si está dentro de sus capacidades, sus posibilidades o su deseo. ¿Cómo entonces vamos a pedirle que haga lo que yo mismo no estoy haciendo? Nos resulta difícil responsabilizarnos de nuestra parte en la situación y ver qué no estamos poniendo. También nos cuesta ver que en una relación hay cosas que son como son, y no como queremos que sean, y nos negamos a darnos cuenta. Y tarde o temprano esa verdad nos explota en la cara. Es en ese momento en el que podemos reconocer nuestra verdad.

Como se dice en la Biblia, “la verdad te hará libre”. La verdad nos libera y libera nuestras relaciones para que sean lo que en realidad son. Y desde ahí se puede confiar en que así es como debe ser. Y que la autenticidad está en nuestras vidas para hacerla plena de manera real y perdurable. Porque sólo al confiar se puede ser honesto, congruente. Sólo así se puede dejar de estar en conflicto con uno mismo y se puede triunfar, eligiendo con perfecta honestidad, tan seguro de uno mismo como de la elección. Sólo así se fortalece el alma, dejándola ser más ella misma a cada paso, invulnerable e indefensa, abierta y honesta.

 

María Vázquez Herranz.

Asociación para el Desarrollo de la Paz Interior.

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