Bloqueos a la hora de tener relaciones felices.

Descripción breve:
Enero de 2014.

Bloqueos a la hora de tener relaciones felices. ENERO 2014

Entre las personas de los cursos y talleres que frecuento surge habitualmente el tema de las relaciones, concretamente de las relaciones de pareja. Parece que es en este ámbito donde muchos seres humanos tenemos conflictos: en la interacción con el otro o "lo otro", sea este una persona, un bien, un concepto, el entorno laboral, económico, etc.

Hay varios puntos en los que podemos observar cómo nos privamos de la satisfacción en las relaciones y cómo las utilizamos para sufrir en lugar de para ser y hacer feliz, lo que es su verdadero propósito. En este artículo hablaremos de algunas de las variables en las que podemos observarnos y cambiar nuestra mentalidad a la hora de mejorar nuestras relaciones y aumentar nuestra capacidad de disfrutar de ellas.

Primero observaremos los patrones mentales dolorosos y después se propondrán métodos prácticos para fomentar un cambio a otros de satisfacción. En este proceso normalmente surgen resistencias al cambio y bloqueos que no comentaremos en este artículo sino en alguno posterior. Al ver dichos patrones nos daremos cuenta de que están todos íntimamente relacionados y que son distintos matices de una misma sensación interna.

Falta de merecimiento. Surge como resultado de un juez interno castigador y humillante que aparece como negación de la inocencia interna. Esta es la presunción de que toda cualidad interna tiene una función que corresponde a un propósito de vida para cada uno. Es en el proceso de familiarización y desarrollo de dichas capacidades en el que nos quedamos bloqueados por juzgarnos y pensarnos insuficientes. De este modo, no somos buenos para merecer tener una relación en la que ser queridos tal como somos, sino que siempre está la amenaza del rechazo, de la humillación o del abandono por ser insuficientes para ser amados.

Autocastigo. Nos lo infligimos debido a la sensación de culpa inconsciente que surge como racionalización del vacío interior. Este vacío se considera como el efecto de algo “muy malo” que hay en nosotros o que hemos hecho. Ese mal interno tiene que ver con los verdaderos impulsos y la verdadera esencia, que se nos ha enseñado a negar para adaptarnos a un mundo domesticado y consensuado. El autocastigo se manifiesta como la represión del deseo, ya que este surge de ese lado oscuro y "malo" que hay en nosotros y que el mundo, muchas veces por boca de nuestros padres, nos enseña que no es aceptable. Establecemos así relaciones insatisfactorias y damos esto por algo normal y hasta sano. Aceptamos la insatisfacción por ser "lo que merecemos" y nos justificamos de muchos modos, como por ejemplo diciéndonos que "es lo mejor que podemos tener".

Castración. Esta forma en una versión del anterior pero algo más especifica. Se percibe como una negación de la propia creatividad, deseo, disfrute y felicidad. Puede aparecer en los vínculos afectivos como aburrimiento, conservadurismo, rutina, miedo al cambio, rigidez, inmovilismo, una baja creatividad, represión sexual y falta de imaginación. Este patrón se manifiesta en otros ámbitos, como crisis vocacional e insatisfacción en general, entre otras opciones.

Escasez. Es esa sensación de que no tenemos algo, de que hay algo que encontrar en el mundo que me llenará y me hará sentir bien y que en realidad nunca llega. Solemos buscar esto en el otro, que nos llene, que cumpla nuestras expectativas, que no se marche, que me quiera, etc., con la consiguiente carga que es para el otro y la inevitable decepción que surgirá a la larga cuando nos demos cuenta de que ese vacío no desaparece gracias al otro. La escasez tiene asociada la sensación interna de que no tengo nada que dar o aportar, de que yo no tengo suficiente "ser" para llenar ese vacío en mí. Las relaciones se establecen así como un medio para obtener y no como un medio para disfrutar o para dar y reconocer así lo que hay en mí.

Exceso de expectativas, que ya hemos mencionado en el apartado anterior, manifestándose con una personalidad demandante e invasiva por una carencia interna. Esta se vincula en muchos casos generando rechazo y autopreservación en el otro.

Desconfianza. En la vida y en los demás, como consecuencia de la creencia en una identidad “separada” y “autosuficiente”. Estoy sólo frente al mundo y tengo que "buscarme la vida" yo solo. No puedo contar con nadie y en realidad el entorno es algo amenazante y hostil que se opone a mi voluntad particular. En este caso, la mejor forma posible de relación sería una de alianza común contra el entorno. Sin embargo, hay una constante sensación de defensa y el otro puede traicionarme en cualquier momento. No me considero una parte esencial de un todo mayor del que formo parte y al que pertenezco, y que vela por mi bienestar como modo de autopreservación y autorregulación organísmica. Mi identidad no está incluida en la relación sino que la relación es algo en lo que participa mi “yo”, aislado y que no es influenciado por esta sino que es más bien al revés.

Miedo al rechazo y al abandono, que surge como resultado de la proyección del autorrechazo y del abandono a partes de nosotros mismos. En este caso ocultamos partes de nosotros y las mantenemos así porque "si el otro las viese...". La relación se convierte en un entorno en el que el miedo está garantizado, ya que esas partes de nosotros que mantenemos ocultas acaban por tenernos a nosotros mismos como rehén, y si afloran, habrá un castigo. Así nos reprimimos y escondemos, temiendo al otro, en quien proyectamos a nuestro propio juez interno.

Culpa por abandonar introyectos familiares, salirse de maneras familiares y genealógicas de vinculación o de falta de ella. Esta culpa puede reconocerse internamente como un sentimiento de culpa por traicionar a la familia. "Cómo voy a tener una pareja feliz y que me entienda si en mi familia se vive a los hombres como una amenaza", o "cómo voy a sentirme satisfecha si todas las personas de mi familia llevan con orgullo el sacrificio como valor familiar". Estas ideas contradictorias muchas veces se resuelven negando el deseo y adaptándonos al mandato o introyecto familiar, o viviendo el deseo con culpa, la cual querremos pagar tarde o temprano.

Miedo a perderse en el otro, al carecer de una referencia interna sólida. Esto se reconoce comúnmente como dependencia emocional. Es el vínculo en el cual confluyo para saber quién soy, es decir, me defino en base al otro, a sus deseos, emociones, actos e ideas. En estos casos, la relación se convierte en una dependencia en la que uno se amolda al otro, quien también necesita que el otro se amolde para sentirse valorado, querido, aceptado, etc.

Miedo a la dependencia emocional enunciada en el apartado anterior. Se manifiesta como falta de vinculación y aislamiento, soledad y miedo al otro, y suele aparecer como compensación de una gran dependencia emocional. Ambos miedos surgen al no entender la interdependencia que se da en toda relación y que es en realidad nuestra verdadera identidad, una identidad compartida.

Como dijimos anteriormente, hay algunas prácticas que pueden ayudar a observarnos y fomentar el cambio de mentalidad a maneras más satisfactorias y felices de vinculación. Vamos a proponer sólo algunas, y desde luego, cualquier idea creativa que surja internamente al respecto puede ser de ayuda. Hay tantas maneras de restituir la salud vincular como vínculos posibles. Y si queréis compartir las ideas que os surjan con nosotros, será un placer leerlas.

Observar el juez interno y cuestionarlo. No tragarme las ideas sobre mí mismo a las que estoy acostumbrado y que me hacen daño sin más. Preguntarme si tienen sentido y si es posible para mí una nueva forma de verme.

Preguntarme cómo sería una relación en la que yo pudiese permitirme ser tal como soy. Preguntarme qué sería necesario cambiar en mí para que eso sucediese.

Atreverme a experimentarme a mi mismo más allá de mi propia área de confort. Permitirme experimentarme en situaciones en las que no estoy familiarizado a estar, como expresar, probar o hacer cosas nuevas.

Hacer por ver al otro como alguien inocente que no hace las cosas por fastidiar o por hacer daño, sino entender que tras su comportamiento hay una petición de amor similar a la mía y que tal vez sólo es la forma de dicha petición la que me confronta. Si vemos a los demás como personas que buscan lo mismo que yo, ser queridos y entendidos tal como somos, seguramente estemos en mejor disposición para vincularnos con el otro.

Plantearnos que una relación feliz es aquella que se tiene para poder compartir y dar, expresarse tal como uno es y en la que caben todas las partes de uno. Que ese espacio puede ir creciendo a medida que yo voy permitiéndome expresarme y ser yo mismo en dicha relación. Este tipo de relación se plantea como el opuesto a las relaciones para obtener, en las que las condiciones, los acuerdos y pactos de sacrificio y las treguas son los parámetros por los que se rige.

Permitirnos recordar, reconocer y vivir nuestros sueños. Ser creativos, fomentar la imaginación y dejarnos sorprender por lo que estos nos regalan. Esto nos hace rejuvenecer y convierte las relaciones en espacios creativos y expansivos.

Enfrentarnos a nuestros miedos, lo cuales son deseos encubiertos que funcionan como cortafuegos y que nos impiden vivir la satisfacción. Enfrentarlos, atrevernos a vivirlos, nos lleva más allá de ellos. Las personas que viven situaciones límite suelen manifestar después un sentimiento de libertad y de falta de limitación que surge al haber vivido lo peor que les podía pasar.

Hacer ejercicios de escucha interior. Autoobservación y honestidad son necesarias para darnos cuenta de las sombras que se esconden en nuestro interior y para poder ir más allá de esas sombras, hacia lo que verdaderamente somos.

Ser honestos en todo momento, sobre todo con nosotros mismos. Decir la verdad cuando sea útil y sobre todo cuando nos sintamos tentados de complacer o de hacer concesiones con los demás para ser queridos, buscando su amor a costa del amor por uno mismo.

Practicar el reconocimiento a las virtudes y dones propios y ajenos. Esto aumenta la confianza, la autoestima, y las relaciones en las que estas cualidades se comparten.

Este artículo es un pequeño catálogo de patrones y prácticas. Hay muchos más y muchas ideas para observarnos y tomar conciencia de ellos, ejercicios para fomentar un cambio de actitud y para dejar a un lado hábitos de sacrificio, culpa, exigencia y autocastigo.

Quiero terminar este texto con la idea de la confianza y de la esperanza. Los territorios desconocidos que están más allá de nuestra experiencia suelen darnos miedo y tendemos a la preservación manteniéndonos en lo conocido. Pero explorar y atreverse a soñar es lo que ha permitido al ser humano ir más allá de sus límites y vivir un mayor bienestar, satisfacción, creatividad y felicidad. Este texto pretende ser una invitación a ello. Y para esto es necesario ver los obstáculos al amor, más que hacer una disertación de lo que éste es.

María Vázquez Herranz.
Asociación para el Desarrollo de la Paz Interior.
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